Nada es permanente;

excepto el vacío y el silencio.

lunes, 15 de julio de 2013

Sepulcros




Después de años la cabeza comenzó a rodar a solas.
Pensaba en lo que haría y en lo que no haría.
Llegaba la noche y nada de lo que había pensado estaba
en la tarima de las cosas sorprendentes. 
El vacío de las horas, no obstante, había que registrarlo 
con el lenguaje de los ruidos en las azoteas.

Los hechos flotaban entre aduanas y laberintos.
Eran testigos de lo que iba desbaratándose en los puños de los necios.

Los pulcros necios, atentos a la orden de los sacrificios, reían
todo el tiempo. Días enteros reían de saberse elegidos.
Sepultureros. Idiotas al servicio de los famosos asesinos.

Los hechos flotaban entre aduanas y laberintos.
No había ecos de caídas estruendosas en el agua.
No había cuerpos enteros que soportaran la cuenta de las catástrofes.

No había perros que ayudaran a atravesar los ríos de la muerte.









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