Después de una declaración así: Sin principios ni finales, todo lo que seguiría entraría por las vías de lo posible.
Indirecto el trayecto, con un lenguaje casi informe o de extravíos notorios. Por alcanzar y para entrever, también, la imposible realidad que en los sueños parece tan cierta y tan normal, era que había que renunciar a las vías rectas.
Ya se puede imaginar que de lo que aquí se irá hablando tiene mucho de adentro y muy poco, o casi nada, del mundo del afuera.
¿Quién sabe si algún día habrá quien se interese por estos rumbos indirectos del adentro? Por ahora, la idea es dejar asentado el impulso -la obsesión- de dejar caer palabras atraídas por su música.
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