no levantarse para acariciar incertidumbres
no lavarse las manos para reír tantas tragedias
no ir rápido a la línea final de los que ganaron las monedas
mejor es quedarse quieto
en la cama y sentir cómo el día
se cierra entre los ojos
un cielo bañado de luces
un crujido de huesos
un llanto suave
no pronunciar nunca más tu nombre
no ir a los espejos para comprobar
la ilusión de lo verdadero
no cansarse por todo eso
que ha de acabar indudablemente
en los cerros de basura
mejor es ponerse a silbar en medio de la tarde
y estafar la luna con dibujos en el agua
mejor es tirarse hasta el fondo de lo obscuro
y encontrar
una piedra azul en terciopelo blanco
un beso en los labios de la noche
una melodía hecha con maderas
y suspiros
un rumor entonces
una falta de velas y cerillas
un quedarse quieto sobre una frágil rama
y callar
callar hasta hacerse polvo
y nada
ni siquiera sombra



